Ayer tuve que ir a buscar a Lu a una fiesta. Fui en Uber, debido a una lesión no puedo manejar por unos días. Gracias a algún dios misericordioso de la noche, el chofer escuchaba buena música, o al menos lo que para mi generación sería considerada buena música. No quiero sonar dogmática o soberbia.
De pronto sonó Lucy in the Sky with Diamonds, hace años que no la escuchaba. La canté feliz mientras me acordaba que, cuando les chiques eran chiquitxs, tuvimos una época muy beatlemaniaca: la de Juli era, obviamente, Hey Jude; la de Lu, Lucy in the Sky… A pesar de la evidente propiedad de cada canción, era Lu la que cantaba todas, y hubo una temporada en la que estuvo particularmente obsesionada con el coro de Hey Jude.
En algún viaje a Buenos Aires cuando ella tenía dos años, en un trayecto en colectivo comenzó con aquella vocecita angelical: “Laa laa laaa lalalalaaaaa, lalalalaaaaa, hey Jude”.
Era una nena hermosa con esos chinos rebeldes y sus ojitos pestañosos. La gente sonreía; Lu les alegraba el alma, se notaba.
Y ella seguía: “Laa laa laaa lalalalaaaaa, lalalalaaaaa, hey Jude”; algunos empezaron a balancear la cabeza de un lado a otro y a tararear con ella.
Y ella seguía: “Laa laa laaa lalalalaaaaa, lalalalaaaaa, hey Jude”; todos eran felices en aquel colectivo y volvía la esperanza en la humanidad, había un futuro para el mundo.
Y ella seguía. La unión espiritual era total.
Y seguía.
Un minuto… tres minutos… cinco minutos. Por ahí del minuto siete, la esperanza se había desvanecido. En el minuto ocho, un pesimismo amargo había inundado el colectivo. La gente nos empezó a mirar con cara de odio.
Y ella seguía.
Para el minuto diez, un par de pasajeros había saltado por la ventana, otros habían entrado en trance o se habían convertido en zombis, y los que no, planeaban cómo linchar a la nena. No había otra manera de callarla.
Abracé a mi hija preparada para dar mi vida por salvar la suya.
Por suerte antes de la ejecución llegamos a nuestra parada, Córdoba y Blinghurst, y bajamos sin mirar atrás mientras Lu seguía cantando “Laa laa laaa lalalalaaaaa, lalalalaaaaa, hey Jude”. Nunca supimos que fue de aquellos potenciales asesinos.


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